Domingo 10 de febrero, Radar libros, Página/12

Lugar común la muerte

Una colección de bellas muertes estetizadas en la original propuesta de una nueva autora brasileña.


Por Leonor Silvestri


La joven escritora brasileña Adriana Lunardi presenta un libro simple y hermoso por donde se lo mire. Vísperas son nueve relatos, indefinibles, sobre las últimas horas de algunas de las escritoras más relevantes del siglo XX, y otras de menor trascendencia, pero igual exquisitez. Así de sencillo y conmovedor, Lunardi imagina y nos transmite a estas mujeres, enfermas y atormentadas, de clara lucidez, inscriptas en la eternidad: Virginia Woolf, Dorothy Parker, Colette, Clarice Lispector, Katherine Mansfield, Sylvia Plath, Zelda Fitzgerald y Ana Cristina César, o Julia Da Costa. Esta selección de históricos personajes suicidas o mortuorios deja en claro la filiación literaria a la que Lunardi no anhela ser ligada, al obviar cualquier escritora de lengua española, no exactamente porque falten suicidas o muertas trágicas hispanoparlantes.

Sin embargo, más allá de la arbitrariedad del recorte, tras leer estos heterogéneos textos la palabra “devoción” irrumpe en la mente con violencia: devoción por las escritoras, sus vidas y sus muertes, y especialmente por sus escrituras, único medio para soportar la vida, parafraseando a la autora. Los relatos manejan el estilo sutil que cada una de las elegidas se merece en su tenacidad para morir, o tener un minuto más de vida, con dignidad o sin ella, pero siempre iluminadamente. Y este universo femenino, que la traducción de Leopoldo Brizuela mantiene sin mella, se representa a partir no sólo de sus muertes sino también del relato enfocado desde el punto de vista de personajes más extraños, como sus mascotas, o imaginarios lectores; hasta la inclusión de una suerte de relato autobiográfico sobre la apreciación que la autora misma tiene sobre la incidencia de Clarice Lispector en su vida. Quizás una de las originalidades de Vísperas sea, justamente, la capacidad de transmitir la misión de la literatura entre los vivos, en especial en los relatos concernientes a la poeta brasileña Ana Cristina César y la archiconocida Sylvia Plath, una ayudando a morir a otra persona a través de su aparición fantasmática, la otra permitiendo que un lector se relacione de manera menos mediocre con su propia existencia vulgar.

Al fin de cuentas, Vísperas es un libro para conocedores y no tanto (gentilmente los editores agregan una breve reseña bibliográfica de quiénes fueron estas escritoras), e invita a conocer más de estas personalidades del mundo literario universal. Adriana Lunardi intima con las sombras y hace con sus relatos un brindis por la vida eterna con estas historias de bella muerte que pueden significar la vida, tanto como muchos vivos ya se han muerto en realidad.

 

Sábado 1 de marzo de 2008, ADN Cultura / La Nación

Vísperas
Adriana Lunardi
Traducción: Leopoldo Brizuela

Por Fernando López

Al mismo tiempo que rinde homenaje a Virginia Woolf, Dorothy Parker, Colette, Clarice Lispector, Katherine Mansfield, Sylvia Plath, Zelda Fitzgerald y Júlia da Costa, autoras que admira y cuya influencia reconoce, Lunardi las convierte en personajes de ficción para reconstruir, mezclando sus creaciones literarias y sus biografías, los momentos previos a la muerte de cada una.

Brasileña de Santa Catarina, residente en Río de Janeiro y formada en comunicación social, Adriana Lunardi (1964) ha mostrado una voz narrativa original desde su primer volumen de cuentos, As meninas da Torre Helsinque (1996). Vísperas (2000), también traducido al francés y al croata, es visto como un punto de inflexión en su obra, que incluye una novela, Corpo estranho (2006).

Una prosa elaborada, precisa en el detalle y reveladora de un íntimo conocimiento del mundo creativo de cada autora, guía esta indagación por las proximidades de la muerte. Los puntos de vista varían (quien narra puede ser la protagonista, un testigo, un perro) y el lenguaje parece identificarse en cada caso con la escritora evocada, pero la voz poética es una, sensible y personal.


Miércoles 16 de abril de 2008, Diario Crítica de la Argentina

Por Juan Fernando García

¿Quién no se ha preguntado, al leer biografías de escritores, por las horas que precedieron a su deceso? ¿Quién no ha sentido esa vaga sensación de tristeza familiar frente a la muerte trágica de aquellos que integran el panteón privado y amado de la literatura? ¿Qué habrá sentido Sylvia Plath al taponar las aberturas de su casa y encender el gas de su cocina? ¿Cuál habrá sido el último pensamiento que cruzó la mente perturbada de Alfonsina Storni, al internarse en las aguas de Mar de Plata? Eso que nadie sabe, que no se dice.

Los nueve relatos que componen Vísperas, el nuevo libro de la brasilera Adriana Lunardi (Santa Caterina, 1964), se concentran en las últimas horas de escritoras que han dejado una huella en la literatura occidental. Homenaje privado de personajes públicos, los cuentos presentan, desde diferentes puntos de vista, los momentos previos a la muerte de Virginia Woolf, Dorothy Parker, Ana Cristina César, Colette, Clarice Lispector, Katherine Mansfield, Sylvia Plath, Zelda Fitzgerald y Júlia da Costa. Sin que la idea de “homenaje mortuorio” vele el sentido ficcional, Lunardi despliega con virtuosismo rasgos que aúnan obra y vida, evitando caer en la tentación del mero dato biográfico que cualquier lector puede reponer en la cantidad de textos vigentes. Tampoco esa fe ciega en la verdad de los libros que ellas escribieron. Un plus, dado por detalles, que en muchos casos resuenan a “saudades” (ese hermoso término intraducible, que Brizuela decide conservar) y que refuerzan la idea de un amor que nace de las líneas de sus obras y se mantendrán allí, eternamente.

La piedra que Virginia Woolf recoge antes de internarse en el mar, las cartas de despedida que escribe (que ya Michael Cunningham había evocado en Las horas). El suicido de la jovencísima Ana Cristina César (cuyos poemas conservan un aire de familia con los de Pizarnik). Las horas previas al incendio del hospital donde la inolvidable flapper Zelda Fitzgerald se pregunta por su amado Scott y las palabras del maestro Gurdieff le reclaman: “El mundo no es un llamado de su imaginación”. Los fantasmas que rodean a Colette. El tintinear del hielo en el vaso que Dorothy Parker sostiene y con demoledora ironía afirma: “¿Fidelidad en la cama? Sólo cuando se duerme con una botella. Al menos ella sigue ahí al día siguiente”.

Cada historia desanda un camino final, de despedida, para el que Adriana Lunardi elige diferentes narradores, protagonistas cercanos o admiradores lejanos. La elección de abrir la serie con la conocida historia de Virginia Woolf se compensa en el contrapunto que establece el relato final de Júlia da Costa (menos conocida para el lector local) y los puntos de vista elegidos en los casos de Clarice Lispector o Plath.  He ahí uno de los aciertos de este proyecto que podría vislumbrarse infinito pero que, en lo acotado de esta edición, reluce por original.

 


Domingo 25 de mayo, Suplemento de Cultura, Diario Perfil

Relatos como un réquiem
Por Juan Pablo Cinelli

La muerte no pasa de ser un obstáculo infeliz: no queda entonces más alternativa que sentarse a vivir –verbo demasiado irresponsable, se dice en alguna parte, para tanta exigencia– un día por vez, a esperar que al fin llegue inevitable. En esta certeza que lo traspasa se sostiene Vísperas, el nuevo libro de la brasileña Adriana Lunardi, en el cual a partir de nueve relatos sucesivos se ofrece al lector una perspectiva posible de la horas finales de nueve escritoras notables: Virginia Woolf, Dorothy Parker, Ana Cristina César, Clarice Lispector, Katherine Mansfield, Sylvia Plath, Zelda Fitzgerald y Julia Da Costa. Con acierto, Lunardi no se propone comprender ni explicar ni juzgar a sus personajes, sino acompañarlas en esas vísperas en las que la soledad se vuelve ineludible; un tiempo propicio para fantasmas, que lejos del estereotipo aterrador, apenas son mensajeros de un pasado íntimo y personal, que regresa como una mano tendida. Entre sus páginas se hará tangible la convicción de los últimos y pesados pasos de Virginia Woolf a través del agua; será posible traducir en temor el sarcasmo burlón de Dorothy Parker, y hasta se volverá tierna la insistencia suicida de Ana Cristina Cesar, en busca de la puerta de entrada al país de las maravillas.
La prosa de Lunardi es capaz de proponer una reconstrucción de lo cotidiano en la que aparece (o comienza a aparecer entre velos, al estilo de Raymond Carver) lo secreto y lo íntimo, aquello que de tan evidente se ha vuelto inesperado; pero también sabe deslizarse sobre una poesía elegante, fluida pero construida con sentida solidez, que no por casualidad remite al de una décima escritora admirable, la joven Marguerite Yourcenar de Fuegos. Y esta correspondencia es importante no sólo por aproximación poética: como en Fuegos, en donde Yourcenar se apropiaba de nueve personajes, todos ellos mitológicos a su manera, para resignificarlos al pasar a través del tamiz de sus propias heridas, en este Vísperas Lunardi ha tomado de sus nueve diosas literarias, y por pura literatura se permite darles un nuevo valor, no sólo como artistas sino como mujeres, tan humanas, tan mortales. Una compleja forma de oponer la literatura a la muerte: fundiéndolas en un único y delicado artefacto. la literatura como un ritual para celebrar la muerte, apenas ese obstáculo infeliz hacia la eternidad.

 

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© bajo la luna, 2008