Sábado 19 de enero de 2008, adn cultura, La Nación

Hedónica genealogía poética

Por Sandro Barrella

La pasión del exilio María Negroni (compiladora) Bajo la luna $34 En el breve prólogo a La pasión del exilio , la poeta y narradora María Negroni advierte sobre el origen remoto del libro. En 1987, recién llegada a Nueva York, ciudad en la que reside desde entonces la mayor parte del año, comenzó a trabajar en la traducción de las poetas incluidas en este volumen. No es extraño, pues, el título elegido para esta antología bilingüe en la que confluyen la literatura y la vida, que da forma a una esfera única de la que emana, justamente, la pasión. El exilio, ligado aquí al destino literario, adquiere los rasgos de una máscara transparente de la propia escritura. Las voces que Negroni lleva de una lengua a otra operan como una caja de resonancia de su propia voz. No se trata de un sustituto, sino de una dulce compañía: "En cada una de las poetas elegidas, creí ver dilemas compartidos, insubordinaciones y miedos conocidos y, a partir de ese postulado, insuficiente y seguramente erróneo, no vacilé en proponer teorías y explicaciones que acaso yo sola necesite. Rescato, sin embargo, esos textos por lo que tienen de celebración: en ellos elijo una genealogía". En cualquier caso, lo que confirma la autora de Arte y fuga es el carácter hedonista de la antología, su pertenencia al avatar personal por sobre cualquier idea programática o elaboración crítica. Al carecer de la intencionalidad que suelen perseguir las antologías, en tanto muestras de un período determinado, una escuela literaria, una nación o lo que en este caso podría ser una cuestión de género, conviven en el libro poetas de las que desde hace tiempo se conocen versiones en español de su obra junto a otras que son prácticamente desconocidas en nuestro medio. Marianne Moore y H. D. (Hilda Doolittle), por ejemplo, ya figuran en una vieja antología que Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho prepararon para la editorial Aguilar en 1963. Por su parte, Sylvia Plath es, de las poetas seleccionadas, la que más ha sido traducida a nuestra lengua y de la que más existen en nuestro idioma biografías, volúmenes de cartas, diarios personales, y exégesis de su obra. De Anne Sexton, Elizabeth Bishop y Adrienne Rich existen traducciones, además de haber sido publicadas en diversas antologías generales de la poesía norteamericana. De las cuatro poetas restantes (Lorine Niedecker, Rosmarie Waldrop, Susan Howe, Louise Glück), salvo alguna publicación en revistas especializadas, solo la última fue traducida en España. Esta falta de intención de hacer de la antología una muestra representativa de la "poesía norteamericana escrita por mujeres" no impide, sin embargo, que se cumpla en parte con ello. También se podría pensar la colección como un gesto similar al de Alberto Girri cuando incluía versiones de poemas ajenos en algunos de sus libros, como si ambos poetas dijeran -y en eso también hay acción crítica-: "aquí están los poemas que me gustan, les ofrezco el fruto preciado de mis dones". La pasión del exilio es muy distinta, en ese sentido, a la antología que Diana Bellessi preparó y tradujo hace dos décadas, Contéstame, baila mi danza (Seis poetas norteamericanas) , que estaba atravesada por las marcas de género y un sostenido aliento militante. La antología de Negroni no puede prescindir de Marianne Moore (1887-1972), presencia fundante. Su influencia, tal vez resumida en la convicción de que "la poesía no es cuestión de tonada sino de conciencia razonada", se hace sentir en mayor o menor medida en el resto de las poetas: desde Bishop (1911-1979), la más cercana cronológicamente a Moore, hasta Waldrop (1935). Esta influencia, que no es simple mímesis, permite leer estos poemas dentro de la gran corriente de la poesía norteamericana, y percibir en Niedecker (1903-1970) el eco de William Carlos Williams, o descubrir en Glück (1943) un lirismo irisado, que combina la expresión de una subjetividad con la precisión y profundidad de la mirada. Negroni refiere en el prólogo las innumerables correcciones a la que fueron sometidos estos poemas. El resultado son estas versiones ajustadas, fieles al impulso presente en los originales, en un español que los oídos de quienes han nacido en esta región del planeta van a agradecer. Este afán por volver una y otra vez sobre los mismos poemas está condensado en su trabajo sobre la obra de H. D., de quien Negroni publicó hace quince años una antología. La coincidencia de ambas poetas puede rastrearse, en primer lugar, en la intervención que ambas hacen sobre la épica, territorio habitualmente dominado por el discurso masculino. Grecia es para H. D. lo que Islandia -título de uno de sus libros- es para Negroni. El otro punto común es el exilio, una forma de la patria literaria que el tiempo vuelve pasión.

 

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