Sábado 24 de marzo de 2007, Ñ, Revista de Cultura, Clarín

Contra el vacío
Por Eduardo Ainbinder

La garza sin sombras redescubre la primera poesía del cubano José Kozer

En 1957 un autor cubano escribe un cuento en el que un conjunto de escritores se juntan para escuchar la acusación de “grafómanos” de boca de un representante del poder: un loro. Cuando preguntan si podrán seguir escribiendo, el loro responde: “Cuando se les antoje” y, ante la algarabía de los escritores, el loro pronuncia la verdadera sentencia: “Pero no por ello dejaréis de estar acusados del delito de grafomanía”.
En 1960, a sus veinte años, el poeta José Kozer abandona su Cuba natal. A finales de la década del 80 la editorial Último Reino publica en Buenos Aires dos de sus mejores libros: El carillón de los muertos y Carece de causa. Ahora, la editorial bajo la luna optó, con muy buen criterio, no por publicar el ultimo libro de Kozer, sino uno editado hace más de veinte años: La garza sin sombras, título que paree estar tomado de uno de los acápites: “Los patos salvajes no buscan/ reflejarse/ ni las aguas anhelan recibir/ su imagen”.
Libro en el que ya se puede vislumbrar lo mejor de su poesía, el Kozer miniaturista: “quien se atreva, salga a recorrer con el índice/ las minúsculas gargantillas que cuelgan en las laderas/ de la escarcha, mucho después del deshielo…”. Aquel capaz de atraer al lector desde la primera línea del poema: “Y se preguntan cómo produjo aquel sauce manzanas”. O aquel, dueño de una memoria poderosísima, que nos relata lo que le sucedió al príncipe Karu en el año 712 con la convicción y la intensidad de quien cuenta un recuerdo personal.
Judío errante que no sólo cambia de morada, también de época y de dinastía, sin cambiar de estilo, o con un mismo estilo que resucita para cada ocasión, cada una de las cinco secciones que componen el libro parecen ser las diferentes estrategias de su pelea de tiempo completo contra el horror al vacío. Más de 4.000 poemas –según él mismo declaró- son los que lleva escritos hasta la fecha. Si su pesadilla es convertirse en un escritor que no escribe, estos poemas de la primera etapa de su poesía, y a la luz de la cantidad de textos publicados luego, abren el interrogante acerca de si transformarse en un grafómano impenitente habrá sido la mejor manera de dar esa pelea.

 

Julio 2007, México / Diario Reforma, Suplemento de librosHoja por hoja

Bonne lecture, bon appétit

Tanta destreza requiere el evocar con acierto recuerdos de corte autobiográfico como el registrarlos entre floridos encabalgamientos, versos meditados y un léxico prolijo, preciso y luminoso. Se reconoce en seguida la autenticidad lograda en la construcción de los poemas, pero resulta más admirable aún que temas tan variados puedan conjugarse de modo tan hábil aludiendo a la familia, los rituales religiosos, la historia antigua y un gusto peculiar por añorar lo exuberante. Entre aromas, estados de ánimo, personajes reales y ficticios, anécdotas y parábolas, el título de la obra parece tener origen en el epígrafe de la cuarta sección, de entre las cinco del libro, que recuerda en cierto modo la remota tradición de los enigmas laberínticos y la relevancia de las entrelíneas. Como los buenos vinos de mesa, con veintidós años de maduración, estas alegorías kozerianas se recomiendan como lectura gourmet para los más exigentes degustadores de poesía. (rk)

 

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