Sábado 31 de mayo de 2008, Suplemento ADN/ La Nación

La obsesiva óptica del detalle
El último libro de poemas del italiano Valerio Magrelli convierte en su objeto de culto el diario de todos los días para develar lo que permanece invisible en él hasta que el ojo lo ilumina

Por Sandro Barrella

Epígrafes para la lectura de un diario
Por Valerio Magrelli
Bajo la Luna/Trad.: Guillermo Piro/95 páginas/$ 26

El hombre se dispone a leer el diario. El hombre es un poeta frente a un objeto común, acaso de los más comunes de que dispone un hombre común. Símbolo y suma de la sociedad industrial del siglo XIX, trasiego del ideario de la modernidad, perenne a pesar de un tiempo de realidad virtual, el periódico de papel despierta la atención de Valerio Magrelli (Roma, 1957), y él lo convierte en materia de su poesía. De ese encuentro en apariencia inocente y para nada fortuito, nace un libro en el que se afirma la pasión por el detalle, como si Magrelli siguiera a Flaubert en que basta con mirar un objeto el tiempo suficiente para que se vuelva interesante. El diario pasa a ser objeto de culto, máquina de papel que el poeta va a desarmar para mostrarnos lo que estaba allí a la vista de todos, pero permanecía invisible a la espera del ojo que pudiera iluminarlo.

Como señala en el prólogo Guillermo Piro (traductor del libro), Magrelli debe de ser un lector atento de Francis Ponge. De sus "ejercicios de observación" comparte dos rasgos característicos. Primero, la persistencia obsesiva en el mirar, una especie de manía enfermiza consistente en no poder sacar los ojos de encima de aquello que capturó su atención (un poco a la manera de los niños o los tontos), y su consecuencia inmediata, el destilado de propiedades que a primera vista estaba negado, y que devuelve en dones la atención dispensada. El segundo es la combinatoria de observación y pensamiento, reflexiones teñidas de un asombro meditado. No la farsa de las cosas percibidas por primera vez, sino el constante pasaje de la cosa al ojo, a la mente, a la palabra. En un poema de su primer libro ( Ora Serrata Retinae , 1980) Magrelli lo dice así: "Hoja blanca/ como la córnea de un ojo./ Me dispongo a bordarle/ un iris y en el iris tallar/ la profunda vorágine de la retina./ La mirada entonces/ brotará de la página/ y en este cuadernito amarillo/ se abrirá un vértigo".

Epígrafes ... se abre por donde empieza realmente un diario, la "fecha": "Por aquí se comienza,/ luz de estrella muerta/ venida de un pretérito presente./ Su hoy es el ayer, luz-despojo,/ memoria de un ultratumba cotidiano". La discreción tipográfica del dato contrasta con la importancia que adquiere aquí. En esas pocas palabras, Magrelli define el ethos del periódico, su carácter entre nonato y póstumo, esa distorsión temporal, fraudulenta, que nos anuncia en presente lo que ya ha sucedido. De allí al último poema el poeta italiano se aplica a desmantelar el mecanismo del hábito. Recorre con el rigor, no digamos del científico (lugar común), sino, de un poeta tenaz en extremo, cada una de las secciones, sin pasar por alto el "precio" ("carcasa de la crónica,/ carroña ya carneada"), o el "código de barras", minucias que no desprecia ni relega; al contrario, las incorpora al corpus de su estudio.

Epígrafes ... es un libro notable por más de un motivo. En primer lugar hay que decir que, si uno de los efectos que produce la lectura cotidiana del diario es cierto embotamiento de los sentidos, al leer una y otra vez lo que ya hemos leído, los poemas de Magrelli funcionan como un antídoto contra ese adormecimiento, modelan una figura de lector: el lúcido absoluto, el insomne. Traccionados por la polea de la ironía, revelan y critican la oscuridad del mundo que nos toca vivir. Por otra parte, su autor nunca pierde de vista que su objeto, finalmente, es la poesía. Sus versos, epigramáticos de a ratos, se mueven en torno a las noticias como el juego del yoyo, en el bello poema "Vida cotidiana". En Zona , Apollinaire decía: "Lees los prospectos los catálogos los carteles que cantan a pleno pulmón./ En ellos se encuentra la poesía esta mañana para la prosa están los/ periódicos...". Magrelli, con su libro, logra desmentirlo.

 

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