Domingo 28 de enero de 2007, Suplemento Cultura, diario La Nación

El ritmo de un habla
por Carlos Battilana

EL MUCHACHO DE LOS HELADOS Y OTROS POEMAS
Osvaldo Bossi-(Bajo la luna)-32 páginas-($ 11)

La colección "Poesía en obra", dirigida por el poeta Yaki Setton, publica libros todavía en desarrollo, es decir, libros que aún no han definido ni el orden ni la cantidad de los poemas y que incluyen, en muchos casos, textos tentativos. Este criterio postula al libro como un objeto en proceso, atravesado por la vacilación y la incertidumbre, o para ser más gráficos, como un objeto semejante a una fotografía que congela el instante vertiginoso de un individuo escribiendo. Acaso la verdadera naturaleza de la escritura sea la de ser un hecho dinámico, sometido a perpetua modificación: aprehender esa materia fugaz en el momento de su ejecución es el curioso y original propósito de la colección a la que pertenece este libro de Osvaldo Bossi.
Sin embargo, nos permitimos leer El muchacho de los helados y otros poemas a contrapelo de esa perspectiva y pensar este conjunto de textos como un relato articulado, en el que se narran varios acontecimientos cruciales en la vida de un individuo: el descubrimiento de la sexualidad, de la escritura y del amor. Los diversos episodios de la niñez y la adolescencia que aparecen representados nos revelan no sólo los avatares de un sujeto particular, sino también el territorio de sus aventuras. En ese sentido, el suburbio se convierte en el telón de fondo que la poesía torna un espacio legendario.
La lengua de El muchacho de los helados... está recorrida por dichos coloquiales y frases hechas. Los textos, lejos de exhibir los estereotipos del lenguaje como un hallazgo arqueológico, extraen el ritmo de un habla particular tamizada por la experiencia de lo público. De allí la configuración de un discurso en el que los intercambios lingüísticos y los conatos de diálogo aparecen en distintas partes con la fuerza de lo vital. De esta manera, este libro se distancia del anterior de Bossi, Fiel a una sombra (2001), en que la referencia letrada y la cita culta actuaban como motor de la escritura.
En un aspecto, este nuevo libro posee el espíritu de los folletines, ya que las diversas pausas, indicadas por discretas viñetas, solicitan una continuidad y un proyecto de resolución: "Todo hubiera seguido/ en esa calma chicha, si a lo lejos/ no se hubiera escuchado el silbato/ del heladero". La inserción de breves afirmaciones similares a axiomas que responden a su propia lógica dota de nueva significación al relato ("Diez veranos pueden convertirse/ en un solo verano eterno").
Los numerosos nombres mencionados en el libro (Raulito Lemos, doña Damasia, Matías, Mónica, el Rengo, Marisel, Ana) designan a los miembros de una cofradía barrial que parece celebrar su propia mitología y que, de alguna manera, reemplazan al conjunto de personajes célebres provenientes del ámbito de la literatura citados en el poemario anterior (Hamlet, Laertes, Fontibrás, Ofelia).
Estos poemas postulan una teoría de la percepción, al organizar el mundo bajo nuevos parámetros, donde las fronteras entre algunos individuos aparecen imprecisas. Justamente, el verso del poeta italiano Sandro Penna que funciona como epígrafe del libro ("Tú morirás niño y yo también") muestra una coexistencia pronominal que se resuelve en un plural que contiene una declaración de amor: "Prefiero que sea amor lo que nos damos,/ lo que nos dimos aquella noche, uno/ junto al otro, encima del otro". En esa disolución de límites se va entreviendo, sin embargo, un universo propio que se aleja, imperceptiblemente, de una referencia real y donde las categorías del afuera y del adentro aparecen subvertidas: "No tenía otro remedio que estudiar/ la lección de historia/ y calcar un mapa que contuviera/ los ríos y las montañas del Africa./ Pero como no veía bien, inventé/ toda clase de nombres y de afluentes/ que imperceptiblemente me fueron alejando/ del Africa real".
A pesar de esa especie de secreto solipsista que es la historia de este sujeto en sus primeros años, la casa infantil, trémula, "tambaleante" es también una suerte de refugio frente a la intemperie del mundo, la tierra "intacta" que permite fundar una fábula personal y contar una historia. Precisamente, la escritura, como un dispositivo que permite narrar y que tiene su origen en la infancia, es mencionada en un episodio que describe un proyecto literario a través de la lejana voz del padre, en diálogo con el vendedor de helados: "Ese que ves ahí,/ tan inofensivo como parece,/ ahora mismo nos mira a los dos/ con una cámara fotográfica/ que guarda sombras,/ y un día, estoy seguro, con los helados/ hará un lindo poema [ ]/ Y hasta quizás, quién te dice,/ se anime y lo titule: Oda/ al muchacho de los helados ".
La poesía de Osvaldo Bossi alcanza un nuevo grado de despojo, al haberse liberado del peso de cualquier prurito letrado y cita de autoridad. Cuando surgen voces ajenas, en forma de discursos orales o de citas textuales, se metabolizan en el propio discurso en una suerte de lirismo popular que, lejos de desentenderse del habla, la evoca en la singularidad de su dicción.

 

16 de diciembre de 2006 - Revista de Cultura Ñ - Clarín

Y el poema ahí, recomenzando

Una colección que muestra a la poesía "en obra".

Por Vicente Muleiro

Borges dijo que un poema malo es un poema que no está terminado. O sea: un texto cerrado con apuro por impericia o ansiedad, por cometer el error de cristalizarlo en el primer y tantas veces tramposo alumbramiento o por no poseer talento –esa suma de recursos– para exprimir un sentido que en sus primeros fulgores suele revelarse inasible.
Cuando se expurgan los cuadernos de un poeta muerto es posible asomarse al proceso interno de la creación con palabras: primeras versiones, tachaduras, reemplazos de palabras que configuran la gestación, el cordón umbilical, la infancia y la historia del poema. La colección "poesía en obra" del voluntarioso sello bajo la luna ha quedio aproximarse a ese proceso con la publicación de poemas que aún no ingresaron a su versión definitiva firmados por poetas argentino que están escribiendo en la actualidad. Es así que han publicado dos libros: El muchacho de los helados y otros poemas de Osvaldo Bossi y Variaciones de la luz de Diana Bellessi.
El director de la colección –el también poeta Yaki Setton que acaba de sacar, completo La apariencia de lo espléndido- confiesa en el texto de presentación que no se ha logrado plenamente ese objetivo de work in progress ya que Bossi y Bellessi sometieron sus textos a la máquina de pulir un acto de pudor insalvable cuando el poeta sabe que su trabajo ya está destinado a la imprenta.
Por lo tanto, la fantasía de publicar poemas con tachaduras o con dos o tres versiones –se admite–, no se pudo cumplir. Lo que los textos de Bossi y Bellessi tienen de incompleto es que están concluidos pero se integrarán en una obra futura y sin dudas más vasta que la que se exhibe en estos cuadernos mínimos.
En verdad, los poemas de Bossi traman un mundo iniciático con probada pericia, en el marco de una poética nombradora y sustantiva. Y Diana Bellessi sobrevuela por la dramática de la materia y su fugacidad entre los estallidos persistentes de la belleza en una cuerda que se le conoce y que en estos poemas suena con un registro más clásico.
Los textos, entonces, se presentan aquí concluidos aunque un poema nunca está terminado y aun descansando durante años dentro de un libro sigue rehaciéndose y recomenzando par su próximo lector.

11 de noviembre de 2006 - Revista de Cultura Ñ - Clarín

Lo simple y lo excelso
Por Leonor Silvestri

La poeta Diana Bellessi vuelve a sorprender con palabras de alto lirismo.



Con el nombre de Poesía en obra, la editorial especializada en poesía contemporánea argentina bajo la luna lanza una colección en la que "los poetas no han dado su última palabra"; es decir, breves poemarios como anticipo de un texto mayor que está por venir. Y en esa original apuesta, Diana Bellessi, una de las voces más especiales de nuestra poesía actual, lanza un exquisito libelo.
Bellessi, quien parece poder escribirlo todo y siempre sorprende a su público cuando pensaba poder catalogarla unívocamente, adscribe aquí a temas, en apariencia simples, con palabras graves y de alto lirismo, cual si fuera una poeta alejandrina del siglo III a. C. Entre sus tópicos se encuentra, especialmente, la conmoción que produce el ámbito natural, donde todo ocurre y al mismo tiempo nada. Raras loas a la naturaleza, pero no a su salvajismo, sino a ese aspecto que ampara a los seres humanos, cobijándolos en su esplendor, es decir un locus amoenus. En este espacio epifánico, se producen las sentencias filosófico-políticas propias del sentir de la autora, como por ejemplo: "con las leyes del jugador que sabe un peón/ es una reina…".
Pero la poeta, iluminada, no enmudece ante la exaltación de ese ámbito. Por el contrario, en esa comunión, esta clásica poética de forma límpida da lugar a todo el espectro del léxico –del más elevado al más popular- lo cual da idea de su manera de concebir la poesía: "se han ido todos, pero el rucucú/ invisible ahora me acompaña a mí/ en una melancolía santa, sí/ del mediodía que parece rezar/ por nosotros o con nosotros quizás/ ante la belleza del mundo". Porque lo popular no es entendido aquí como lo opuesto a lo excelso, sino que se aúnan la belleza clásica y su tradición poética con la simple riqueza de lo extraordinario que tiene lo más cotidiano, para poder cantar la vida y la muerte, el "vacío invisible que sabe ser y no ser siempre".
Variaciones de la luz emociona con descripciones preciosistas, un estilo cultivado de pulida forma para, cual orfebre, poder dar con esa palabra clave que abra, a través de la voz y el silencio, una experiencia mántico-espiritual en relación a la poesía y su palabra.

Domingo, 06 de Agosto de 2006 - Radar libros - Página/12

De coleccion

Estamos trabajando

Una auspiciosa nueva colección de poesía pone en oferta textos en obra, cuando aún no está dicha la última palabra. Poetas en plena producción, ediciones muy cuidadas, un atisbo del futuro.

Por Coca Carpanero

Variaciones de la luz
Diana Bellessi
bajo la luna
29 páginas

El muchacho de los helados

Osvaldo Bossi
bajo la luna
30 páginas

Esta colección surge por una necesidad de mostrar el aquí y ahora de la poesía argentina desde una concepción editorial dinámica y sin precedentes: publicar libros en transición ˆpoesía en obraˆ como paso previo a su definitiva integración a obras más extensas e importantes. Diana Bellessi y Osvaldo Bossi inauguran este catálogo con buenos augurios.
La poesía de Bellessi ilumina, conmueve. Primero, por el uso inesperado que hace del lenguaje. Nombra la naturaleza y la conecta con su intimidad desde una introspección, desde un viaje hacia adentro desde afuera. Hay una serie de poemas del atardecer, de la luz tardía pero no gastada, y es la voz de alguien que se asoma al ocaso de la vida, pero no es un ocaso dramático, melancólico, depresivo, como si también Bellessi confesara que ha vivido; una culminación experta, enriquecida, vagamente majestuosa. Y aparecen también la muerte y la reencarnación, no como consuelo sino como actitud serena, la del que contempla, como esa mano que reposa, la de Buda, envejecida pero sabia de puro vivir, que se apoya en el muelle de madera y desde la veranda ve lo que buscó.El corsé de nervios y de venas, la piel de vivir, de haber vivido, ahora descansa ante lo hecho, sobre todo lo deseado. Si Bellessi fuera joven diría otras cosas o las diría de otro modo, pero cabe dudar, sinceramente, de si serían más potentes el lujo atronador de los veranos..., conceptos que no son adolescentes, pletóricos de hormonas. ¿Qué tenemos, entonces?, „aquella fe viviente y orgánica donde todo luce en resplandor oscuro porque todo lo despierto reposa en otra parte cuando duerme. Bellessi afirma y evanece, lo bastante para que las líneas de puntos las llene el lector ˆsi se atreve, primero a leer, luego a imaginarse ahíˆ. Al cabo de la vida Bellessi no tiene las alforjas vacías, su espanto, el vacío, del que surge reencarnada, rediviva, un viaje valeroso (quizá valioso) en el que es una tentación acompañarla: un claro verde como el rayo purísimo perseguido en la juventud.
Diana Bellessi
Es en un lento escenario de verano, con la música de la radio ocupando el silencio de la tarde mientras las moscas zumban y los pájaros carpinteros duermen en los árboles, que aparecen los diez años de Bossi y de su amigo Raulito, en la otra propuesta de esta colección, El muchacho de los helados. Y allí, en medio de esta descripción bucólica, el perfil del muchacho de los helados quiebra la calma chicha de la niñez y simbólicamente marca el despertar sexual. Esto es narrado como un largo cuento, como una historia que nos va envolviendo con delicados detalles que no buscan una lectura más allá de la poesía misma: (...) una decena de árboles/agitan su fronda/como un ventilador de eucaliptus. Pero Bossi también roza, con inocente belleza, la mezcla sutil de los juegos infantiles y el deseo que aparece: (...) gozábamos por anticipado/la posibilidad de escondernos juntos. Las cosas cotidianas, los lugares, se irán tiñendo suavemente de erotismo, y es aquí cuando el autor abre para nosotros ese verano eterno que muestra, señala, relata el amor con un lenguaje directo que apunta al centro mismo del concepto: Prefiero que sea amor lo que nos damos/lo que nos dimos aquella noche, uno/junto al otro, encima del otro. Nada, ya, será como antes y todo irá tomando otra intensidad, otra intencionalidad, que continuará cubriendo los objetos instalados definitivamente en el recuerdo.

Miércoles 14 de Junio de 2006 - Rosario12

Una editorial con raíces rosarinas y la poesía que se está haciendo

Por Sonia Scarabelli


La editorial Bajo la Luna, nacida aquí y consencuente con sus orígenes, tiene en su catálogo obras de Diana Bellessi, Aldo Oliva, Concepción Bertone, Beatriz Vignoli, Patricia Suárez y Osvaldo Bazán, entre otros.


Hace pocos días, el sello editorial independiente Bajo la Luna, que actualmente llevan adelante Valentina Rebasa y Miguel Balaguer, lanzó en Buenos Aires la colección "Poesía en obra", dirigida por el poeta Yaki Setton. Y lo hizo con dos títulos que no pueden sino deparar los mejores augurios para este emprendimiento: Variaciones de la luz, de la santafesina Diana Bellessi y El muchacho de los helados y otros poemas, de Osvaldo Bossi.
La editorial, nacida en Rosario allá por los `90 y que ha mantenido desde entonces una relación consecuente con poetas y narradores de Santa Fe y, en particular, con los artistas de esta ciudad, cuenta en su catálogo con obras de autores tales como Aldo Oliva, la misma Diana Bellessi, Mirta Rosenberg, Concepción Bertone, Beatriz Vignoli, Patricia Suárez y Osvaldo Bazán, entre otros.
Resulta indudable que la aparición de un libro de poemas siempre es un acontecimiento dichoso y está dotado de cierto encanto propio, más aún cuando, es sabido, son comparativamente escasos los proyectos editoriales que acompañan este género de publicaciones. Pero el anuncio de una colección dedicada con exclusividad a la poesía, más precisamente, a la poesía que se está haciendo ahora mismo y, por así decir, entre nosotros, es una circunstancia que no puede considerarse menos que feliz, y merece ser saludada y recibida con el mayor entusiasmo.
En este sentido cabe destacar la singularidad de la propuesta, ya que con "Poesía en obra" se desea poner al alcance de los lectores unos materiales que están en proceso de alumbrar nuevas y más extensas producciones, de modo que tengamos la posibilidad de "acceder a poemas despojados, fuera de una gran estructura que los enmascare, los limite o contenga", según palabras del director de la colección. Yaki Setton se ha referido igualmente a algunas de las expectativas que se vinculan al origen del proyecto, a saber, "reflejar una tensión entre lo nuevo y lo inacabado" y prometer con ello "un presente y un futuro distintos para esas mismas obras". A este respecto aclara que se trata de "materiales cuya vida transitoria no está dada tanto por lo que son sino por lo que les falta", aludiendo así a "los poemas que todavía no se han escrito y que serán sus compañeros futuros, o los poemas de los que han sido quirúrgicamente separados".
Y es desde esa situación de tránsito, desde el corazón de esa escena inaprensible casi y luminosa, donde lo definitivo no tiene cabida, que se nos han venido a brindar estos dos bellos libros. Ambos, cada uno a su manera, refrendan aquello que también se nos advierte en cuanto a lo que no hay que buscar en esta colección, es decir, "algún gesto que nos exhiba el laboratorio o taller del poeta", visto que, si bien estaremos "cerca de la escritura de los poemas, de sus primeras huellas, inclusive de alguna cicatriz", estaremos, por otra parte, "lejos del poeta, de sus secretos y de su intimidad".
Por supuesto, más allá del sentido riguroso de esta afirmación, una vez asomados al interior de Variaciones de la luz, de Bellessi, o de El muchacho de los helados y otros poemas, de Bossi, parecerá muy difícil experimentar ningún tipo de distancia. Sino que de inmediato nos sentiremos llevados hacia un lugar en el cual el misterio simultáneo de la ausencia y la visión, de una forma radical y a la vez amorosa, saldrá a nuestro encuentro en las voces particulares de estos dos grandes poetas. Los primeros versos del poema que abre el libro de Bossi lo anuncian claramente: "Diez veranos pueden convertirse/ en un solo verano eterno"; y de este modo inician la saga delicada y conmovedora de una infancia que reúne el descubrimiento del deseo, la amistad y la pérdida, bajo el signo de una lírica tan rica como absolutamente personal. Y no menos ocurre con los poemas de Bellessi, cuando alzando en sus versos "...el lujo frágil y ardiente de cada cosa/ que en la memoria halla su sola y única fortaleza erguida// como materia más sutil que tarde conocemos y es el vivo/ recuerdo intacto de lo amado...", algo, como la paradojal transparencia de una sombra preciosa y querida toma forma ante nosotros, allí donde la voz ahonda en música los reinos poderosos de la imagen.
Mucho podría decirse de estas dos maravillosas muestras de la poesía argentina que está 'en obra', y en las cuales poemas como La Corona, de Bellessi, o La casa de cartón y madera, de Bossi, inscriben zonas memorables, pero más justo encuentro invitar a cada lector a disfrutarlas por sí mismo. A comprar los libros y a acompañar, de aquí en adelante, la propuesta, que lo vale. Entre los títulos que están ya en preparación, se cuenta Notas al pie de nada ni de nadie, de Alberto Szpunberg.

 

 

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