Sábado 22 de marzo de 2008, ADN Cultura La Nación


Zona ambigua

Por Sandro Barrella

Chicos índigo Por Alejandro Méndez Bajo la Luna/73 páginas/$ 20 ¿Un libro de poemas con título de un manual de autoayuda? En un mismo movimiento se anuncia el programa que buena parte de la poesía escrita en la Argentina en los últimos quince años viene cumpliendo: por un lado la infancia como tema, como campo o imaginario; por el otro, cierto apego a la ironía, cuando no directamente, el recurso desembozado de la parodia. En cualquier caso, el límite casi siempre es difuso, y aunque Mendez no se desentienda de los encantos de la lírica, fija el texto en una zona ambigua -de la que el título es parte indivisible-, una zona donde la poesía, arropada por el murmullo de las voces infantiles y empujada por una categoría tomada del reservorio new age , parece moverse hacia el universo del pop, sin establecer allí, del todo, su residencia. Dividido en tres partes, cada poema de la primera lleva el nombre y la edad de un niño, en cuya descripción o en el breve racconto de una situación se concentra el destello de lo que podría ser el pathos de la infancia. A partir de escalas mínimas de la experiencia, Mendez hace desfilar ante los ojos del lector pequeñas criaturas. El discurso poético se organiza siguiendo la misma proporción, no aspira a plasmar un gran relato, se detiene, apenas, en las hebras de un avatar, en "el chapoteo informe/ de los amigos en la pileta,/ corriendo/ por su alfajor y su/ coquita ". En la segunda parte, "Caja de voces", el autor se desdobla en otras tantas escrituras (poemas y prosas), cada cual con su rúbrica. De la descripción de una Buenos Aires futura, designada como ciudad de los "chicos índigo" -acaso un remedo de las ciudades de Italo Calvino-, al texto que cierra la sección, Mendez propone mundos paralelos donde el sentido se fractura y se pliega. Sin embargo es aquí donde se concentra, con su dosis de delirio y fantasía, el núcleo del libro, lo que aparece anunciado desde el título. En "Lejos de casa", la última parte, el viaje parece cumplirse. El poeta pone en juego su voz para decir: aquí estoy yo. El tono lírico es preponderante y la infancia, un territorio de conciencia y pérdida, el lugar adonde no se puede volver.

 

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© bajo la luna, 2008